Factores de Riesgo para el Desarrollo de Insuficiencia Cardíaca en Pacientes

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La literatura médica ha enfatizado durante años la relevancia de reconocer y entender los factores de riesgo vinculados al desarrollo de la insuficiencia cardíaca. Estos factores, tanto genéticos como ambientales, desempeñan un papel crítico en la evolución clínica de nuestros pacientes y su identificación temprana puede cambiar completamente la progresión de la enfermedad y los desenlaces a corto y largo plazo.

Por esa razón, este artículo tiene como objetivo proporcionar una visión integral de estos factores de riesgo, y así ayudar a los médicos en atención primaria a identificar y manejar eficazmente a los pacientes en riesgo.

Los factores de riesgo asociados al desarrollo de Insuficiencia Cardíaca (IC) incluyen: 

  • Hipertensión arterial: 

La hipertensión arterial crónica, caracterizada por elevaciones sostenidas de la presión arterial sistólica por encima o igual a 140 mmHg y la tensión diastólica por encima o igual a 90 mmHg [1], es un factor de riesgo clave para el desarrollo de la insuficiencia cardíaca.

Este aumento de la tensión, como consecuencia de base de la patología, ejerce una sobrecarga hemodinámica persistente sobre el ventrículo izquierdo del corazón, lo que lleva a el remodelamiento cardíaco adverso que puede provocar hipertrofia ventricular izquierda, disfunción sistólica y eventualmente Insuficiencia Cardíaca [2]. En el estudio Registro Colombiano de Falla Cardiaca (RECOLFACA) se estima que 31% de la insuficiencia cardíaca registrada en Colombia es de causa hipertensiva, lo que nos demuestra claramente que estas dos patologías tienen una conexión directa en su progresión y pueden estar presentes concomitantemente en el paciente. 

Lo anterior nos permite evidenciar que al tratar el factor de riesgo es posible evitar la progresión de la enfermedad mediante el control adecuado de la hipertensión bajo las recomendaciones de las guías clínicas [2,3]

  • Enfermedad coronaria:

La enfermedad coronaria es la causa principal de insuficiencia cardíaca a nivel global, y se estima que representa entre el 23% y el 73% de los casos de insuficiencia cardíaca reportados [4].Esta enfermedad se caracteriza por la acumulación de placa en las arterias coronarias, lo que reduce el flujo sanguíneo al músculo cardíaco y puede desencadenar eventos isquémicos como infartos de miocardio.

 Los episodios previos de isquemia miocárdica, como un infarto agudo de miocardio, aumentan significativamente la predisposición a la insuficiencia cardíaca, lo que subraya la importancia de la prevención y el tratamiento adecuado de la enfermedad coronaria. [4]

  • Diabetes: 

La diabetes mellitus está claramente relacionada con un mayor riesgo de incidencia de insuficiencia cardíaca, incluso varios estudios epidemiológicos demuestran que la diabetes mellitus se asocia independientemente con el riesgo de desarrollar insuficiencia cardíaca, el cual se estima que aumenta más del doble en hombres y más de cinco veces en mujeres [5]. 

Esta asociación puede explicarse por los efectos adversos de la hiperglucemia en el corazón, que incluyen la disfunción diastólica y sistólica, así como la remodelación ventricular. 

Por esta razón, el control glucémico riguroso y la atención médica multidisciplinaria son fundamentales para reducir la mortalidad, la morbilidad y el riesgo de desarrollar insuficiencia cardíaca en pacientes diabéticos con enfermedad cardiovascular comprobada. [5,6]

  • Obesidad: 

El índice de masa corporal (IMC) igual o mayor a 30 y una circunferencia abdominal excesiva se asocia directamente con un mayor riesgo de insuficiencia cardíaca, estimando que aproximadamente el 11 % de los casos de insuficiencia cardíaca en hombres y el 14 % en mujeres se atribuyen únicamente a la obesidad [7]. Esta relación se debe a múltiples factores, incluyendo la sobrecarga hemodinámica, el estrés oxidativo y la inflamación crónica por acumulación de tejido adiposo. 

Además, la obesidad puede desencadenar comorbilidades como la apnea del sueño y la resistencia a la insulina, que a su vez aumentan el riesgo de insuficiencia cardíaca. [7]

  • Tabaquismo: 

El consumo de tabaco, que contiene agentes tóxicos y proinflamatorios, se relaciona directamente con un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, incluida la insuficiencia cardíaca en la cual diversos estudios epidemiológicos han establecido que la exposición al humo del cigarrillo es una causa importante de morbilidad y mortalidad cardiovascular [8]. Los compuestos químicos presentes en el tabaco dañan la función endotelial, promueven la formación de placa en las arterias y contribuyen a la hipertensión arterial los cuales son precursores conocidos de la falla cardíaca. 

Sin embargo, es alentador saber que el riesgo disminuye significativamente después de dejar de fumar, lo que subraya la importancia de las intervenciones para dejar el tabaco y el apoyo continuo para prevenir la insuficiencia cardíaca. [8]

  • Consumo de alcohol: 

El consumo de alcohol es un factor de riesgo conocido para desarrollar falla cardiaca, en efecto la preponderancia de los datos sugiere que beber uno o dos tragos en los hombres y uno en las mujeres beneficiará el sistema cardiovascular con el tiempo, más de estas cantidades puede provocar miocardiopatía alcohólica [9]. 

En consecuencia, el abuso crónico de alcohol además puede inducir fibrilación auricular, Beriberi, miocardiopatía cirrótica, hipertensión, miocarditis entre otras patologías, las cuales afectan negativamente la función cardíaca, lo que demuestra la importancia de educar a los pacientes sobre el consumo responsable de alcohol y proporcionar orientación a aquellos que pueden estar en riesgo. [9]

  • Antecedentes familiares: 

Una historia familiar de enfermedades cardiovasculares, incluida la insuficiencia cardíaca, puede sugerir una predisposición genética que nuestros pacientes pueden heredar. Además de la carga genética, los estilos de vida compartidos en familias también pueden contribuir al aumento del riesgo [10]. 

Debido a lo anterior, es fundamental recopilar información detallada sobre los antecedentes familiares y realizar un seguimiento cercano de los pacientes con historial familiar de enfermedades cardíacas ya que se pueden generar cambios en el estilo de vida anticipados que eviten el desarrollo de esta patología. [10]

  • Valvulopatías:

Las enfermedades valvulares son una de las principales causas de morbilidad y mortalidad cardiovascular y un importante contribuyente a los síntomas y la discapacidad funcional de los pacientes que la padecen. 

Concretamente, según el estudio RECOLFACA el 13% de los diagnósticos de falla cardiaca en Colombia se generan por valvulopatías [3], en particular la estenosis aórtica y la insuficiencia mitral, que generan un aumento de las presiones y volúmenes en las cavidades cardíacas, contribuyendo al desarrollo de insuficiencia cardíaca el cual provoca un desequilibrio en la hemodinámica cardíaca y, con el tiempo, afecta la función sistólica lo que conlleva al desarrollo de la falla. [11]

  • Enfermedad pulmonar crónica: 

La falla cardiaca y la enfermedad pulmonar obstructiva crónica son epidemias globales que provocan una morbilidad y mortalidad significativas. La combinación de ambas presenta muchos desafíos en el diagnóstico, ya que los síntomas y signos clínicos de ambas patologías frecuentemente se superponen lo que dificulta el diagnóstico diferencial para los profesionales de la salud [12]. 

Así pues, el humo de tabaco, la causa más común de enfermedad pulmonar obstructiva crónica, se asocia con un 50% más de riesgo de insuficiencia cardíaca, mayor riesgo de hospitalizaciones y el EPOC prolonga la estancia hospitalaria por falla cardíaca, aumenta el riesgo de reingreso y predice de forma independiente mayores costos financieros [12].

Comprender en profundidad estos factores de riesgo es esencial en su práctica médica, ya que le permite identificar desde la atención primaria a los pacientes en riesgo y tomar medidas preventivas adecuadas. La colaboración interdisciplinaria y el seguimiento continuo son clave para brindar una atención de alta calidad a nuestros pacientes.

 


Referencias: 

[1] Gabb G. What is hypertension? Aust Prescr. 2020;43(4):108–9. Disponible en: http://dx.doi.org/10.18773/austprescr.2020.025
[2] Mozaffarian D, Benjamin EJ, Go AS, Arnett DK, Blaha MJ, Cushman M, et al. Heart disease and stroke statistics—2016 update: A report from the American heart association. Circulation. 2016;133(4). Disponible en: http://dx.doi.org/10.1161/cir.0000000000000350 
[3] Gómez-Mesa JE, Saldarriaga-Giraldo CI, Echeverría LE, Luna P, Grupo Investigador RECOLFACA. Registro colombiano de falla cardiaca (RECOLFACA): metodología y datos preliminares. Rev Colomb Cardiol. 2022;28(3). Disponible en: https://scc.org.co/wp-content/uploads/2018/10/Registro-colombiano-de-falla-cardiaca-RECOLFACA-metodologia-y-datos-preliminares.pdf
[4] Benjamin EJ, Virani SS, Callaway CW, Chamberlain AM, Chang AR, Cheng S, et al. Heart disease and stroke statistics—2018 update: A report from the American heart association. Circulation. 2018;137(12). Disponible en: http://dx.doi.org/10.1161/cir.0000000000000558 
[5] d Rosano GMC, Vitale C, Seferovic P, Clinical Academic Group Cardiovascular, St George’s Hospital NHS Trust Medical School, London, UK, Department of Medical Sciences, IRCCS San Raffaele, Rome, Italy, Department of Cardiology, University of Belgrade, Belgrade, Serbia. Heart failure in patients with diabetes mellitus. Card Fail Rev. 2017;03(01):52. Disponible en: http://dx.doi.org/10.15420/cfr.2016:20:2
[6] Kannel WB, Hjortland M, Castelli WP. Role of diabetes in congestive heart failure: The Framingham study. Am J Cardiol. 1974;34(1):29–34. Disponible en: http://dx.doi.org/10.1016/0002-9149(74)90089-7 
[7] Kenchaiah S, Evans JC, Levy D, Wilson PWF, Benjamin EJ, Larson MG, et al. Obesity and the risk of heart failure. N Engl J Med . 2002;347(5):305–13. Disponible en: http://dx.doi.org/10.1056/nejmoa020245 
[8] Ambrose JA, Barua RS. The pathophysiology of cigarette smoking and cardiovascular disease. J Am Coll Cardiol . 2004;43(10):1731–7. Disponible en: http://dx.doi.org/10.1016/j.jacc.2003.12.047 
[9] Maisch B. Alkoholische Kardiomyopathie: Eine Folge der Dosis und der individuellen Prädisposition. Herz. 2016;41(6):484–93. Disponible en: http://dx.doi.org/10.1007/s00059-016-4469-6
[10] Frey N, Olson EN. Cardiac hypertrophy: The good, the bad, and the ugly. Annu Rev Physiol . 2003;65(1):45–79. Disponible en: http://dx.doi.org/10.1146/annurev.physiol.65.092101.142243 
[11] Nkomo VT, Gardin JM, Skelton TN, Gottdiener JS, Scott CG, Enriquez-Sarano M. Burden of valvular heart diseases: a population-based study. Lancet. 2006;368(9540):1005–11. Disponible en: http://dx.doi.org/10.1016/s0140-6736(06)69208-8 
[12] Hawkins NM, Petrie MC, Jhund PS, Chalmers GW, Dunn FG, McMurray JJV. Heart failure and chronic obstructive pulmonary disease: diagnostic pitfalls and epidemiology. Eur J Heart Fail. 2009;11(2):130–9. Disponible en: http://dx.doi.org/10.1093/eurjhf/hfn013 

 

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